En los círculos académicos de nuestro medio, la filosofía ha sido relegada a segundo plano. En efecto, en los estudios de las diversas materias y en las diferentes carreras profesionales se toca la filosofía de manera tangencial, como cultura general; en la Secundaria, por ejemplo, la filosofía ya no existe como curso, sino dentro de un “combo”: Persona, familia y relaciones humanas; en las Universidades sucede algo parecido, se enseña filosofía como algo referencial, las mismas escuelas de filosofía no están en las facultades dedicadas a la ciencia, sino en Humanidades (Católica y Villarreal), Letras (en San Marcos) y así por el estilo. El problema no es casual, pues la filosofía constituye en última instancia el soporte teórico, el nivel del ejercicio del pensamiento que ha alcanzado un pueblo con el que justifica no sólo su identidad, sino su realización, su destino. Se relega la filosofía porque se pretende que fuerzas oscuras muevan el sentido de la vida de los pueblos, mientras éstos deben estar embebidos, enfangados en el trabajo duro, agotador y, por otro lado, en el hedonismo, en el consumismo; otros deben pensar por nosotros, otros deben decirnos lo que es malo y lo que es bueno para nosotros, otros deben decirnos, como si el pueblo fuera eterno menor de edad, quién es el malo de la película, y que ellos, por supuesto, son los buenos.
Con lo que aquí desglosamos, a manera de ensayo, pretendemos no sólo señalar esta “subestimación” de la filosofía, sino, y sobre todo, defender su condición de ciencia de las ciencias, muchos dirán que es discutible, ciertamente; pero lo que aquí señalamos nos permite establecer una distinción clara entre lo que es ciencia en sentido amplio y lo que es charlatanería.
La ciencia no es meramente descriptiva, sino aprehensión, transformación de la realidad, la naturaleza de la filosofía no es describir lo que ya pasó, no es dejarse llevar por la apariencia, sino poner en la conciencia lo que subyace en ella, adelantarse, para transformar...
En rigor, la filosofía tiene un método propio, tiene un contenido propio y aquí está la distinción. La especulación filosófica no es una especulación vulgar de buscar aciertos por el azar, no, la especulación filosófica tiene por objeto ir más allá de lo que nos es evidente a través de nuestros sentidos (que perciben la realidad directamente) y nuestra comprensión (la ciencia, como conocimiento abstracto); es decir, ejercitar aquello que nos distingue de los animales: el pensamiento en su máxima expresión. Pongamos algunos ejemplos: todas las personas tenemos intereses, deseos, ilusiones, sueños, esperanzas, sentimientos, y pensamos que estas cosas, son una especie de fuerzas independientes, que nosotros estamos en esos sentimientos, en esas esperanzas, sueños e ilusiones, que nuestro interés está contenido ahí, que nosotros nos realizamos en ellos. Sin embargo, todas estas fuerzas poderosas responden a una estructura lógica, a un programa, de tal modo, que nosotros somos algo así como víctimas de nuestros sentimientos, de nuestros impulsos (pareciera que uno se divide en dos). Efectivamente, uno se divide en dos, de lo que se trata ahora es de saber en cuál de los dos se encuentra el “superyó”, la autoconciencia, nuestro ser, nuestra particularidad que nos distingue de los demás, y ella se encuentra en esa estructura lógica que sólo con el preguntar filosófico podemos ponerlo en evidencia y usarlo efectivamente para nuestro fin. Así, la especulación filosófica tiene por objeto, reiteramos, poner en evidencia esa “naturaleza lógica que anima al espíritu, que se agita y actúa en él” como dice Hegel.
Esto es lo medular de la ciencia de la filosofía. La ciencia no es meramente descriptiva, sino aprehensión, transformación de la realidad, la naturaleza de la filosofía no es describir lo que ya pasó, no es dejarse llevar por la apariencia, sino poner en la conciencia lo que subyace en ella, adelantarse, para transformar, para ser nosotros mismos. Y lo que subyace en ella es una estructura lógica (ideas macro, concepción del mundo, categorías, etc.), determinado a su vez por su posición de clase; es decir, la realidad social determina un modo de ver el mundo que justifique la propia existencia, uno tiene la ideología que le hace existir como tal, de otro modo, sería completamente absurda la existencia. La filosofía devela todo este mecanismo. De lo que se trata, entonces, es de develar constantemente, pues con mucha facilidad la mente se llena de telarañas y lo que creemos que somos, frecuentemente, en el fondo, es al revés.
Aplicando a la realidad tenemos por ejemplo, y aquí comentamos lo que un gran maestro nos hizo ver: lo que vemos y oímos con respecto a las elecciones presidenciales y municipales era, que había un candidato de la derecha recalcitrante y, otros, nacionalistas, que tiraban en sentido contrario; entonces, veíamos que era la lucha de dos personajes, y que todo giraba en torno a los dos, esa es la apariencia, la expresión, la consecuencia, de qué, de lo que materialmente sucede, de hechos que acaecen en la economía (esa es la realidad material), y esa realidad material (un nuevo proceso evolutivo de capitalismo en el Perú) es lo que se ha expresado en lucha de intereses de clases, los pequeños que pugnan por crear industria nacional, hastiados de ser simples exportadores de materias primas, en conjunción con los desocupados y demás oprimidos del sistema, en contraposición a los grandes, sujetos estos al imperialismo, principalmente yanqui, propiciadores del TLC, un capitalismo nacional, si se quiere, en lucha contra un capitalismo enfermo de cáncer, sujeto al imperialismo. Este hecho es lo que ha generado los hechos sociales en los últimos tiempos.
Otro ejemplo. Por los medios de comunicación y lo que generalmente se difunde por medios oficiales sobre terrorismo es que, el terrorista es un ser extraño a la raza humana, es un ser perverso en todos los sentidos, frente al cual no puede ni debe haber razonamiento alguno, hay que matarlo, así de simple. En las películas de acción, el terrorista es eso, en los juegos de nintendo que practican con mucha frecuencia niños y adultos, de la misma manera, y cuando se le mata, y más, cuando se le mata de manera cruel, feroz, aplauden, pues es un terrorista, es el triunfo del bueno contra el malo. Estas ideas se van acomodando en la estructura lógica. Luego, cuando hay gente que protesta contra las injusticias, contra el sistema, los mismos medios dicen “terroristas” o sinónimos “vándalos”, inmediatamente se nos asocia lo que vimos en película, lo que vemos en los juegos y ya ven las consecuencias. Y quienes lo dicen, dan por supuesto, que ellos son los buenos, pacíficos, democráticos y con todas las virtudes, los únicos que pueden pensar y decirnos lo que debemos hacer, y así… la realidad se reproduce.
La filosofía, entonces, ejercitando el pensamiento en el más alto nivel, permite distinguir la realidad de la apariencia que otros se empeñan en hacernos creer para que puedan seguir con su sistema de privilegios y queden así impunes, sus crímenes contra el pueblo.
ENERO 2006

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada