Fenomenología de la Comisión de la Verdad y Reconciliación[1]
1. La época de post guerra trae ineludiblemente, tarde o temprano la lucha por imponer una interpretación de lo sucedido.
2. Las comisiones de la verdad surgen en un contexto internacional de fin de la “Guerra fría”. Es decir, si antes, lo sucedido durante los conflictos internos quedaban zanjados por acuerdos y negociaciones al amparo de las superpotencias; en adelante, estos hechos han de ser vistos de acuerdo a la correlación de fuerzas de las partes contendientes. Así, mientras durante la “Guerra fría” los delitos de lesa humanidad quedaban en la impunidad, ahora los mismos jefes militares son llevados al banquillo de los acusados, probándose en los hechos que una vez usados para la defensa del orden imperante, son juzgados una vez que no les sirve.
3. En el Perú, la correlación de fuerzas es completamente adversa a los alzados en armas por razones de derrota militar. Pero, además, las fuerzas armadas colapsan prácticamente por efecto de la corrupción generalizada, a tal punto que generan un estado de inestabilidad política que culmina con la salida de Fujimori y el traspaso a un gobierno civil.
4. Las ONGs, llamadas defensoras de los derechos humanos, en donde los otrora izquierdistas y ahora opositores al régimen fujimorista, aprovechan esta coyuntura para demandar la conformación de la Comisión de la Verdad, la cual se establece en el Gobierno de Transición, sin mayor apoyo popular.
Así, la Comisión de la Verdad y Reconciliación nace como instrumento político para oponerse a lo que hasta entonces había sido el régimen de turno: Fujimori y, su sostén principal: La fuerza armada. Pero también, para condenar a los alzados en armas y de ese modo defender el orden establecido. En consecuencia, la verdad de la Comisión de la Verdad es una elaboración política e ideológica.[2]
[1] A propósito del libro de Nelson Manrique El tiempo del miedo, la violencia política en el Perú 1980-1996. Fondo editorial del Congreso de la República. Lima, 2002.
[2] En la Introducción del Informe de la CVR (5.1. La verdad) dice: “La Comisión entiende por ‘verdad’ el relato fidedigno, éticamente articulado, científicamente respaldado, contrastado intersubjetivamente, hilvanado en términos narrativos, afectivamente concernido y perfectible, sobre lo ocurrido en el país en los veinte años considerados por su mandato.” Una pretensión de verdad absoluta, poniendo énfasis en el lado ético como a continuación dice: “’Verdad’ es un relato éticamente articulado: ésta es su primera y principal dimensión. La Comisión habla, como se ha dicho, sobre hechos humanos, en los que están involucrados la voluntad, las intenciones y los afectos de los agentes, es decir, sobre hechos morales. Pero lo hace, además, desde el marco de principios éticos que ha presidido su misión: desde su compromiso con los derechos humanos, los valores democráticos, la justicia solidaria y la honestidad en la realización de sus invetigaciones. La articulación ética del relato se refiere pues tanto a su contenido como a su forma: a su contenido, en la medida en que la Comisión ha interpretado los acontecimientos a la luz de los principios éticos indicados; a su forma, en la medida en que ha perseguido, también por motivos éticos, la transparencia en todos los aspectos de la investigación (las subrayas son nuestras)”. Una verdad con prejuicios morales no es verdad. La verdad por consenso es una elaboración política e ideológica.

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada