Algo sobre teoría del conocimiento
En estos tiempos está muy de moda relativizar, cuando no poner en cuestión, los alcances de la teoría del conocimiento. Criterios como que la filosofía, la ciencia y la historia son meros discursos tan iguales como los discursos religiosos u opiniones cualesquiera, se escuchan en los ámbitos académicos como verdades de Perogrullo; criterios de ontologizar el lenguaje, en donde todo lo demás son simples formas artificiosas del lenguaje llevan a desconocer la realidad. En el presente artículo pretendemos ubicar “nuevamente” las cosas en su sitio, es decir, delimitar los campos del conocimiento y el lenguaje, pues, desde Pavlov se demostró la teoría del reflejo formulada por Lenin dentro de la teoría del conocimiento y que aclara certeramente el problema en cuestión. Para ello, he cogido el texto: “Los primeros filósofos. Problemas científicos y filosóficos” del filósofo George Thomson
Se parte, claro está, que los procesos de aprendizaje se dan a manera de reflejos, es decir uno no aprende de la nada, sino como reacción hacia algo que nos estimula: “Un reflejo es una reacción a un estímulo. Pavlov demostró que el contacto de la comida con la boca origina una cadena de movimientos que pasan de las fibras nerviosas al cerebro y regresa a la boca, donde pone en movimiento a las glándulas salivales”. Pero hay que distinguir dos tipos de reflejos: “Los reflejos son condicionados o incondicionados. El ejemplo que acabamos de exponer es incondicionado. Un reflejo incondicionado es innato. Un pollito no aprende a picotear ni un niño a mamar. Estos son reflejos incondicionados (…) Por el contrario, los reflejos condicionados se adquieren. El hábito de mamar que caracteriza a los mamíferos jóvenes, es innato en el individuo, y lo ha sido en innumerables generaciones de individuos, pero no deja por ello de ser un hábito adquirido por las primeras especies de mamíferos que aparecieron en una etapa premamaria. En el transcurso de la evolución, los reflejos condicionados se han vuelto incondicionados. La adquisición de esos reflejos –con sus efectos acumulativos en la estructura del organismo como un todo y bajo la influencia de la selección natural- es lo que constituye el proceso evolutivo…”. Es decir, todo lo que tenemos en la cabeza es aprendido, ya sea como parte de la especie en su proceso evolutivo o como individuo. Lo que llamamos instinto (reflejo incondicionado) fue adquirido en otro momento como cualquier otro reflejo condicionado.
Luego: “El conjunto de reflejos condicionados e incondicionados de un animal cualquiera constituye una unidad orgánica del tipo que Pavlov llamó sistema primario de signalización. Éste es el sistema característica de los animales, más o menos desarrollado de acuerdo con su nivel evolutivo. En el hombre se hizo tan complejo que llegó a crear las bases de reflejos de un tipo completamente nuevo, que, operando con el resto, constituye el sistema secundario de signalización. (…) Uno de los alumnos de Pavlov llevó a cabo el siguiente experimento. Una corriente eléctrica fue aplicada al dedo de un niño. El niño retiró el dedo. Se repitió el experimento. Al cabo de algún tiempo, antes de que la corriente fuese aplicada, se hizo sonar una campana, y cuando esto se repitió, el niño retiró su dedo al oír el sonido. A continuación, en lugar de hacer sonar la campana, el investigador pronunció la palabra ‘campana’, y el niño retiró su dedo instantáneamente al oírla. Luego, en lugar de proferir la palabra, la mostró escrita en una tarjeta, y el niño retiró su dedo al verla. Finalmente, se consiguió que el pequeño retirase su dedo con sólo pensar en la campana…”.
Lo que el hombre y los animales tienen en común, en cuestiones de comunicación, es el sistema primario de signalización. Es decir, el modo cómo naturalmente podemos habituarnos al ambiente que nos rodea. Lo que nos diferencia de los animales es el lenguaje, es decir, el sistema secundario de signalización desarrollado por el hombre a partir del primario. La palabra no es un fenómeno natural, no es un mero sonido, sino un sonido especial que denota la experiencia humana socializada. Es a través de la palabra que podemos sumar nuestra experiencia para sobreponernos a la naturaleza y a la misma sociedad que hemos creado. Es con la palabra que el hombre socializa su experiencia.
Ahora bien, la palabra apareció luego de un largo proceso histórico, proceso de comunicación que a través del ensayo y error como experiencia colectiva fue engendrando el lenguaje propiamente tal como conocemos. Primero como lenguaje oral, luego, mucho después como lenguaje escrito. El lenguaje escrito es una forma mucho más abstracta de comunicación, pues permite fijar la experiencia social en el texto. Así, el proceso de desarrollo ha ido generando formas más complejas y precisas de aprehensión de la realidad, tal es así que se pudo acumular el conocimiento hasta llegar niveles jamás pensados. La simple elaboración de una aguja o una pastilla exige un nivel de lenguaje, una forma de aprehensión de la realidad, mucho más compleja será para el caso de una computadora, o un avión; han tenido que acumularse la experiencia humana en un lenguaje determinado dentro de un proceso histórico. Tal parece que para transformar algo es preciso, luego de sucesivas aproximaciones, enfilar la comunicación hacia un sentido.
No obstante, dice el dicho ‘ni todo lo que se piensa se dice, ni todo lo que se dice se ha pensado’, con lo que dejamos constancia que de lo que se trata es de transformar la realidad y si el lenguaje se muestra muchas veces esquivo para definir las nuevas situaciones, tarde o temprano ha de manifestarse con exactitud para definir lo que antaño fue nebulosa intuición.

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